No es la flecha, es el indio y otras falacias ambiguas

Muchas veces han sido las ocasiones en que figuras de autoridad profesionales me han dicho con toda convicción: “no es la flecha, es el indio”. Lo primero que se me ha venido a la mente en esos momento es “claro, pero tu cámara de 3 mil dólares es una p1j@ de flecha nuclear teledirigida”. Me disculpás el francés, pero hacer de la vista gorda a un tema tan importante solo con fines pedagógicos de cuestionable efectividad no me parece apropiado. Entiendo cuál es la lección final que se quiere impartir bajo la protección de esta frase, pero me parece que la semántica deja mucho que desear y que podría dar una impresión errónea del impacto que las herramientas tienen sobre nuestras obras finales.



Por otro lado, en una conversación con un renombrado artista hondureño, él manifestaba que como artista es indispensable “dominar las herramientas de trabajo” y que solo bajo esta premisa, seremos capaces de lograr la ejecución deseada de las visiones que aspiramos a tangibilizar en forma de una fotografía, pintura, composición, escrito, etc. Esta es sin duda una forma de expresión más articulada y certera en el abordaje de la influencia que nuestro equipo técnico tiene sobre nuestras obras y cómo el artista debe relacionarse con el mismo. Por esto, de ahora en adelante, me gustaría que pensaras en la frase 2 en vez de la 1 cuando pensés en tu equipo.


Y es que nuestras herramientas condicionan nuestro abordaje, proceso y resultado final de los conceptos ideados, mas no deberían limitar tu recurso principal… la imaginación. Podés tener todo el equipo del mundo, con los presupuestos de producción más elevados pero si tu idea es pobre, seguro que tu resultado final carecerá de sustancia, de alma, de aquello que conmueve e impacta. Sin embargo, como te escribo esto un lunes a las 5:30 pm, mi cerebro agotado no será capaz de expresar con claridad los pensamientos difusos de un tema tan complejo como la “esencia”, por tanto, lo dejo para mañana. Por hoy, reservemos nuestra atención a las herramientas de trabajo.



Preguntate, ¿cuántas veces tu equipo ha evitado que logrés ejecutar tu visión original? Te ahorro la chamba: 0, nunca, no existe, dejate de pajas. Lo más probable es que seguro hayás encontrado obstáculos, pero lo que le sigue a eso es la superación de los mismos a través de la experimentación con el ingenio como primer recurso. Si no fue así, significa entonces que la idea inicial no te apasionaba lo suficiente. Las limitaciones técnicas por supuesto existen pero usualmente estas son más imaginarias que reales, tienen su origen en el ego y en la negación de la ausencia de capacidades resolutivas. “Como me rehúso a aceptar que no puedo resolver, voy a echarle la culpa a mi falta de recursos técnicos”. Falacia aerostática, sube y sube, sube llevándose a nuestro ego consigo.


Están también los tipejos que se dedican a ignorar el abanico de prestaciones que sus herramientas ofrecen, pecadores de falacias omitivas. Son aquellos que para evitar caer en el escenario de no estar en control de una circunstancia, deciden ignorar, concienzudamente, todas aquellas posibilidades que una cámara, luz, pincel, guitarra, etc, les ofrece. El problema de origen es el mismo, el ego y la vulnerabilidad efervescente al sentir las habilidades propias cuestionadas. Es importante conocer los recursos que poseemos, experimentar con ellos, no temer a los resultados pobres ni escuetos, que con una pila de ellos sumados, eventualmente lograremos obras de esplendor y renombre (bueno, quizás no tanto).


Falacia Ad Hominem (o algo así, no pasaba ni español, menos latín)

Dícese de aquel man que expresa con total soslayo que fulanita o sultanito tienen buenas obras solo por el equipo del que disponen. Esta falacia pretende apoyar a esa frase colorida que da origen a esta nota. Las herramientas no hacen al artista, por tanto es importante conocerlas, dominarlas. Si le das a tu tía de 67 años la cámara que pagaste en ese mismo número de cuotas, te garantizo que no será capaz de lograr fotografías de calidad profesional. No es ni la flecha, ni el indio, sino el conjunto y no solo de esas 2 cosas, sino de muchos otros factores como la experiencia, el instinto, los reflejos, las probabilidades y mucho más.



Profundizar aún más en este tema seguro nos liderará a la inferencia de que existen más falacias aún por ahí, pero como solo me pagan por el “punto y final”, voy a ir cerrando el tema con un par de conclusiones que considero elementales:

  • El artista debería crecer en sus y por sus herramientas, no limitarse por ellas. Pensá en esto antes de comprar tu próxima cámara.

  • No es “mejor obra” una imagen captada con una Canon 1DX que una captada por un Huawei P10. Esto lo podés extrapolar a cualquier rama artística o cualquier otra herramienta.

  • Me voy a robar la frase de un amigo parafraseando marxistas: la materia o instrumento que utilizás, si bien “limita” el producto, no lo limita en calidad, sino en materialización de la idea. ¿En español? Tu instrumento no define la calidad de tu obra, solo la materialización de la misma, o mejor dicho, la ejecución de la idea.

Si bien en esta nota doy ejemplos de obras fotográficas, creo que podés trasladar estos conceptos e ideas a cualquier otra rama artística o incluso científica (no me cuelguen por semejante disparate). Al final, el artista se definirá a sí mismo con su obra y su retórica y lo hará solamente hasta cierto grado, puesto que una vez expuesta, la obra cobra vida propia a través de las interpretaciones y análisis que todos los espectadores harán de las mismas, así que… Relajate brother, no te tomés todo tan en serio. Dedicate a solo jugar. Hasta otra entrada, nos vemos.


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